Para pescar en Alemania, primero hay que... estudiar
Una pequeña historia sobre estudiar, hacer un examen, pedir la licencia y comprar permisos antes de poder pescar en Alemania.
- Autor
- FlamaBloom
- Publicado
- 19 de julio de 2026
- Actualizado
- 19 de julio de 2026
- Tiempo de lectura
- 4 min de lectura

Si alguien me preguntara:
"¿Qué hay que preparar para empezar a pescar en Alemania?"
Quizá mucha gente pensaría en una caña de pescar.
O en una caja de cebo.
O en una silla plegable para sentarse junto al lago toda la tarde.
Pero no.
En Alemania, lo primero que tienes que preparar es... ir a clase.
Sí.
Para pescar un pez, primero necesitas una licencia.
La primera vez que escuché esto, también me sorprendí bastante.
En Vietnam, yo había visto muchas veces a gente que solo llevaba una caña y se sentaba a pescar en la orilla de un río o de un lago. En Alemania, en cambio, la pesca se considera una responsabilidad. No aprendes solo a pescar, sino también a respetar la naturaleza y a tratar correctamente a los seres vivos que capturas.
Por eso, antes de poder sostener una caña de pescar, tienes que sentarte en... un aula.
El tiempo obligatorio de formación suele ser de 30 a 36 horas de teoría y práctica.
El número de sesiones depende del tipo de curso que elijas: un curso de fin de semana, clases por la tarde entre semana o un curso en línea flexible. La formación puede durar desde unos pocos días, si es un curso intensivo, hasta varias semanas.
El precio del curso suele estar entre 150 y 200 euros.
Pero justo cuando me apunté, Alemania estaba en plena época de Covid.
Así que me inscribí en un curso online.
Todas las lecciones estaban grabadas en video.
Tenía que estudiar cada lección y después hacer pruebas online.
Solo al completar el curso y aprobar una prueba online recibía el certificado que necesitaba para inscribirme al examen de la licencia de pesca.
Esta vez fue diferente al examen del carné de conducir.
Mi alemán ya había mejorado mucho.
Al menos ya no sabía decir solo Hallo y Danke.
Aun así...
Unas 600 preguntas de práctica fueron suficientes para hacerme pasar muchas tardes estudiando.
Cuanto más estudiaba, más interesante me parecía.
Además de las normas legales, también aprendí a reconocer especies de peces, las épocas de reproducción, el tamaño mínimo permitido para quedarse con un pez, las enfermedades más comunes y hasta cómo matar un pez según las normas para reducir su sufrimiento.
Había conocimientos en los que nunca había pensado.
Y desde ahí entendí que, en Alemania, pescar no es solo una afición.
También es una responsabilidad.
Todavía recuerdo muy bien el día del examen.
El lugar del examen estaba a unos treinta kilómetros de casa.
Ese día me llevó mi suegro.
Él también tiene licencia de pesca y lleva casi treinta años participando en un club de pesca.
Quizá por eso estaba incluso más entusiasmado que yo.
Yo estaba un poco nerviosa.
Mi suegro, en cambio, estaba muy seguro.
Me dijo más o menos:
"Tú entra y haz el examen."
Quizá ya estaba acostumbrado a que, cuando empiezo a aprender algo nuevo, al principio no sé demasiado.
Pero cuando voy al examen... de alguna manera apruebo.
Por suerte, esta vez tampoco lo decepcioné.
Aprobé el examen en el primer intento.
Aprobar el examen era solo el primer paso.
La tasa del examen, si recuerdo bien, no llegaba a 50 euros.
Después de recibir el aviso de aprobado, todavía tuve que ir a la oficina administrativa para pedir la licencia oficial de pesca.
En ese momento había varias opciones.
Licencia de un año.
Licencia de diez años.
O una licencia válida para toda la vida.
Hice cálculos durante un rato.
Al final elegí la de 10 años, porque me pareció la más razonable.
Llegados aquí, quizá mucha gente piense:
"Entonces ya está, ¿no?"
Pues no.
En Alemania, tener la licencia todavía no significa que ya puedas pescar.
También tienes que comprar una caña, una sacadera, una caja de accesorios...
Un equipo básico cuesta también unos doscientos euros.
Y lo más curioso es...
Si quieres pescar en un lago o en un río concreto, también tienes que comprar el permiso de pesca de ese lugar.
Normalmente cuesta unos veinte euros por un día.
Yo me registré como miembro habitual de un lago cerca de casa.
La cuota es de unos 155 euros al año.
A cambio, cuando tengo tiempo, puedo ir al lago en cualquier momento.
Hay quien disfruta comprando relojes.
Hay quien disfruta coleccionando bolsos.
Todo el mundo tiene una afición por la que está dispuesto a gastar un poco más.
En mi caso...
Solo necesito una mañana tranquila junto al lago.
Una caña de pescar.
Una taza de café caliente.
El canto de los pájaros en algún lugar del bosque.
Y si ese día tengo la suerte de pescar un pez muy grande...
me paso el día contenta como una niña que acaba de recibir un regalo.
Lo que más me gusta de pescar no es cuántos peces puedo llevarme a casa.
Es el tiempo en que me siento durante mucho rato sin tener que hacer nada.
Sin teléfono.
Sin trabajo.
Sin prisa.
Solo sentarme en silencio y mirar el agua.
Hay días en que los peces no pican.
Pero aun así siento que la salida ha valido la pena.
Quizá porque a veces, lo que pesco no es un pez.
Sino un poco de calma después de muchos días ocupados.