Cultivar setas en casa (Parte 2): del inóculo a los primeros racimos
Notas sobre cómo pasé el inóculo de setas a un sustrato de paja, lo incubé en cubos, botellas y bolsas, y esperé los primeros racimos.
- Autor
- FlamaBloom
- Publicado
- 20 de julio de 2026
- Actualizado
- 20 de julio de 2026
- Tiempo de lectura
- 6 min de lectura

En el artículo anterior, conté mi primer intento de multiplicar el inóculo de setas desde un recipiente original a varios tarros de maíz.
Cuando vi que los hilos blancos de micelio empezaban a cubrir los tarros, me puse muy contenta. Pero aquello era solo el primer paso.
Para poder cosechar mis primeras setas, todavía tenía que llevarlas a una nueva "casa".
Esa casa era el sustrato.
Elegí paja para la primera tanda
Esta vez decidí probar dos tipos conocidos: seta de ostra gris (Austernseitling en alemán) y seta de ostra amarilla (Limonenseitling en alemán).
A las dos les gusta crecer sobre paja, así que también elegí paja para empezar.
No compré paja ya tratada. Usé la que tenía. Lo primero fue cortarla en trozos de unos 5 cm, para que después fuera más fácil meterla en cubos, botellas o bolsas.
Luego puse toda la paja en una olla grande y la herví durante unos 90 minutos.
Este paso ayuda a reducir muchos microorganismos y mohos que ya pueden estar en la paja, para que el micelio tenga más oportunidades de crecer.

Después de hervirla, saqué la paja y la dejé enfriar por completo.
También era el momento de fijarme en la humedad.
Si la paja queda demasiado seca, el micelio crece despacio. Si queda demasiado mojada, el moho puede aparecer con facilidad.
Mi prueba era muy sencilla.
Tomaba un puñado de paja y lo apretaba suavemente. Si entre los dedos caían solo unas 2-3 gotas de agua, para mí estaba en un punto bonito.
Cubos de plástico, botellas de Coca-Cola y bolsas de congelación
La parte de los recipientes quizá haga sonreír a más de una persona.
En internet se venden muchas bolsas profesionales para cultivar setas. Pero yo era principiante. No quería invertir demasiado desde el principio.
Prefería experimentar.
Así que aproveché todo lo que ya tenía en casa.
Algunos cubos de plástico.
Botellas vacías de Coca-Cola.
Y hasta bolsas de congelación de la cocina.
Funcionaron bastante bien.
En los cubos y las botellas hice pequeños agujeros de unos 8 mm con un taladro, para que después las setas tuvieran por dónde salir.

Inocular el sustrato
Después empezó la inoculación.
Me desinfecté bien las manos antes de trabajar. Si algún día no me sentía del todo segura, también me ponía guantes.
Intentaba moverme lo más rápido posible, pero sin correr, para limitar la entrada de bacterias y esporas de moho del aire en el sustrato.
La forma era muy simple.
Una capa de paja.
Una capa de inóculo en grano.
Otra capa de paja.
Otra capa de inóculo.
Mientras llenaba los cubos o las bolsas, presionaba un poco cada capa para que el sustrato quedara más firme, pero sin compactarlo demasiado, porque el micelio todavía necesita espacio para crecer.
Al terminar, cerré las bolsas o puse las tapas en los cubos.
Y desde ahí empezó la etapa que siempre me parece más interesante.

El tiempo de espera
Era el momento de... esperar.
En esta etapa el micelio todavía no necesita luz. Necesita calor, humedad suficiente y oscuridad.
A veces lo imagino como una semilla que aún está bajo tierra.
Para esta tanda usé una temperatura de unos 20-24°C. Simplemente puse todo dentro de una caja de cartón y la dejé en un rincón de la habitación.
Lo que más me gustaba era poder "visitarlas" cada día.
Como las botellas de Coca-Cola y las bolsas eran transparentes, podía ver a simple vista hasta dónde había avanzado el micelio.
Si aparecía moho verde, aislaba enseguida ese sustrato o lo tiraba si hacía falta, para evitar que se extendiera a las otras bolsas.
Por suerte, mi primera tanda creció muy bien.
Después de unas dos semanas, los hilos blancos habían cubierto casi todo el sustrato.
Entonces supe que era hora de pasar a la siguiente etapa.

Estimular la fructificación
Esta fue la etapa de estimular la aparición de cuerpos fructíferos.
En este momento, el ambiente que necesitan las setas cambia por completo.
En lugar de oscuridad y calor, empiezan a necesitar:
- una temperatura más fresca, alrededor de 15-17°C
- mucha humedad
- un poco de luz
- y, sobre todo, circulación de aire
Me gusta imaginarlo como si la seta ya hubiera llegado casi a la superficie de la tierra. Percibe la luz y "sabe" que ha llegado el momento de convertirse en una seta completa.
Para mantener la humedad, usé un pulverizador y rocié unas tres veces al día.
Pero si solo pulverizaba agua y dejaba todo al aire, la humedad se perdía muy rápido. Por eso puse los sustratos dentro de una caja más grande y dejé la tapa un poco abierta.
Así la humedad duraba más, pero el aire seguía circulando.
Esto es muy importante.
Las setas también necesitan oxígeno, igual que nosotros. Al crecer, también expulsan CO₂. Si el espacio queda demasiado cerrado, el CO₂ se acumula y las setas no crecen tan bonitas.
Yo incluso fabriqué un pequeño armario de cultivo de setas para seguir probando.
Pero esa historia seguramente la dejaré para otro artículo.


Los primeros racimos
Después de pasar los sustratos al ambiente adecuado, todo ocurrió más rápido de lo que imaginaba.
En apenas una semana, empezaron a aparecer unos brotes diminutos.
Y casi cada mañana, al despertarme, veía que habían crecido un poco más.
Daba la sensación de que las setas crecían tan rápido que bastaba dormir una noche para que se vieran distintas.
Unos 7 días después de que aparecieran los brotes, ya pude cosechar los primeros racimos.
Cortar una seta que había cultivado con mis propias manos me dio una alegría muy real.
Quizá porque había visto todo su camino, desde un pequeño inóculo hasta convertirse en comida sobre la mesa.



Empezar con bloques de setas ya preparados
Si multiplicar inóculo todavía te parece un poco difícil, no pasa nada.
Creo que se puede empezar perfectamente con bloques de setas ya preparados.
Cuidarlos y observar cómo crecen también es muy interesante.
Cuando entiendas mejor qué necesitan las setas para desarrollarse, siempre puedes volver a mi artículo anterior sobre cómo multiplicar el inóculo.
Quién sabe, quizá como yo descubras que cultivar setas no es solo un pasatiempo.
También es una alegría muy especial.
Ojalá tus primeras tandas de setas te traigan esa pequeña emoción, y muchas pruebas tranquilas que te hagan querer mirar una vez más.